Uno de los grandes retos educativos actuales es ayudar a chicas y chicos adolescentes a desarrollar habilidades de autocontrol y tolerancia a la frustración. Estas capacidades son fundamentales para afrontar la vida con flexibilidad, gestionar los conflictos, regular las emociones y tomar decisiones responsables. Son también competencias que protegen frente a conductas de riesgo, como el consumo de sustancias, el uso problemático de tecnologías o la participación en apuestas.
Desarrollar autocontrol no significa reprimir emociones, sino aprender a gestionarlas para actuar de forma consciente y adaptada. Tolerar la frustración no significa resignarse, sino aceptar que no todo se puede conseguir de inmediato y que los obstáculos forman parte del camino. Estas habilidades no son innatas: se aprenden y se entrenan, especialmente si el entorno acompaña.

