La convivencia familiar necesita acuerdos que favorezcan el bienestar común. Tradicionalmente se ha hablado de normas, pero hoy sabemos que cuando estas se construyen desde el diálogo y el respeto mutuo, se transforman en verdaderas oportunidades educativas. Los acuerdos familiares ayudan a que las personas adolescentes aprendan a convivir, a regularse y a formar parte activa del hogar.
Durante la infancia, las reglas pueden ser más directivas. En la adolescencia, sin embargo, es importante avanzar hacia formas de relación más participativas, donde los límites no se impongan sin más, sino que se comprendan, se acuerden y se sostengan con coherencia.

