«El cerebro construye defensas: se llama reserva cognitiva»

Mercedes Montenegro Peña, directora del Centro de Prevención de Deterioro Cognitivo de Madrid Salud

¿Ha oído hablar de la reserva cognitiva y de su papel protector frente a las demencias asociadas a la edad? ¿Y si fuera usted una ‘superager’, es decir, una persona cuyo cerebro apenas envejece? ¿Sabe que es posible tener Alzheimer sin que la enfermedad de la cara? Aunque el funcionamiento del cerebro humano sigue siendo, en gran parte, un enigma, el progresivo envejecimiento de la población y el consiguiente aumento de las demencias degenerativas han impulsado con fuerza la investigación científica.

“Hoy sabemos que el deterioro cognitivo no es un destino inevitable”

 

Departamento de Comunicación Externa. Dirección: Dionisio Aranda. Texto: Alejandra Acosta
En esta entrevista, conversamos con la neuropsicóloga Mercedes Montenegro Peña, auténtica pionera en este campo y directora del Centro de Prevención de Deterioro Cognitivo de Madrid Salud, un referente donde personas mayores de 65 años entrenan sus capacidades mentales con mucho más que ejercicios de memoria.

El Método UMAM del Ayuntamiento es un

referente en el entrenamiento de la memoria

P.- Mercedes, hoy todo el mundo quiere cuidar su memoria, pero en los años 90 este interés no estaba presente en la agenda pública. ¿Cómo fue que el Ayuntamiento de Madrid se adelantó al problema?

R.- El Ayuntamiento fue realmente visionario. Detectó que los fallos de memoria eran una gran preocupación entre las personas mayores y entendió que había que actuar desde la prevención. En 1993 se puso en marcha la Unidad de Memoria, con un equipo interdisciplinar. Y ahí empezó todo. Nos dimos cuenta enseguida de que no bastaba con ofrecer ejercicios al uso: había que entender qué estábamos haciendo, evaluar bien y diseñar una intervención con sentido. Fue un proceso muy crítico y muy creativo del que nació el Método UMAM.

P.- Ese método es una referencia, pero ¿en qué consiste exactamente?

R.- UMAM son las siglas de la Unidad de Memoria del Ayuntamiento de Madrid. Es un método preventivo y estructurado para evaluar y entrenar la memoria. Evaluamos primero, identificamos qué ocurre con la memoria de la persona y luego trabajamos sobre los aspectos que sabemos que fallan con la edad: problemas de codificación, visualización, estrategias de memoria, enlentecimiento al procesar la información…

P.- En aquella época ni siquiera se hablaba de deterioro cognitivo leve (DCL). ¿Qué aportó este concepto?

R.- Muchísimo. Hasta entonces se hablaba solo de envejecimiento normal o de demencia. Pero se empezó a ver que había una “zona intermedia”: personas que no funcionaban como antes pero que no habían desarrollado aún una demencia. A eso se le llamó DCL, y a raíz de ese hallazgo, en 2005 se abrió nuestro Centro de Prevención del Deterioro Cognitivo.

Hay personas con enfermedad de

Alzheimer que no desarrollan demencia

P.- ¿Cómo se sabe si una persona tiene DCL?

R.- Cuando hay pruebas neuropsicológicas que se administran a una persona y que muestran un rendimiento claramente inferior al que tenía previamente esa persona -en memoria, lenguaje atención…-, pero sin una alteración funcional significativa. Se evalúan funciones como el manejo del dinero, la orientación, la capacidad para hacer compras o recordar citas… Es muy importante observar la funcionalidad diaria, no sólo los resultados de las pruebas cognitivas.

P.- Ahora todo el mundo habla de salud cerebral, pero no siempre fue así.

R.- En 2005 hablar de “prevención” de la demencia sonaba raro. Se creía que, si te tocaba, te tocaba, que no había nada que hacer. Hoy sabemos que no es así, que se puede actuar, y mucho. En el Ayuntamiento llevamos décadas demostrando que el cerebro puede defenderse.

P.- ¿Qué factores influyen más en el riesgo de desarrollar demencia?

R.- La Comisión The Lancet ha identificado 14 factores de riesgo modificables que podrían reducir el riesgo de demencia hasta un 44%. Son la inactividad física, obesidad, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, problemas auditivos no tratados, la soledad no deseada, los traumatismos craneales… Y por supuesto, los hábitos de vida: alimentación, sueño, ejercicio, relaciones sociales. Esto desmonta la idea de que todo es cuestión de azar o de genética. Por tanto, el deterioro cognitivo no es un destino inevitable. Por supuesto, se puede llevar una vida saludable y desarrollar demencia, o tener malos hábitos y no sufrirla. Hablamos de prevenir y de reducir los riesgos, como en cualquier otra enfermedad. En este caso, la prevención está muy relacionada con la salud cerebro vascular, que todos debemos cuidar.

P.- ¿Lo emocional también cuenta?

R.- Por supuesto. Aunque no es fácil de medir, la forma en que gestionamos las emociones o el estrés tiene un impacto claro en la salud del cerebro. Para empezar, porque el sueño puede verse afectado, y dormir es básico, ya que durante el sueño el cerebro elimina las proteínas anómalas y consolida aprendizajes. Además, la capacidad de hablar de lo que nos pasa y tener apoyo y relaciones sociales ayuda a sobrellevar las situaciones difíciles, así manejamos mejor el estrés.

La forma en la que gestionamos el estrés

y las emociones afecta a la salud del cerebro

P.- ¿Qué es la reserva cognitiva y por qué es tan importante?

R.- Podríamos decir que el cerebro construye defensas: se llama reserva cognitiva, un concepto que estuvo en entredicho, pero ya no. Es la capacidad del cerebro para enfrentarse a una lesión o deterioro y seguir funcionando bien. Es como una ‘mochila’ donde el cerebro va acumulando reservas a lo largo de la vida gracias al aprendizaje, el esfuerzo mental, la vida activa… Cuanta más reserva cognitiva tengamos, más tardarán en aparecer los síntomas si alguna enfermedad comienza a afectar al cerebro. No es que nos haga inmunes, pero tenemos más margen de defensa. Esta idea fue defendida durante años por el neurocientífico Yaakov Stern y se evidenció claramente en el Estudio de las Monjas.

P.- Es esperanzador. ¿En qué consistió ese estudio?

R.- El Estudio de las Monjas es una investigación sobre el envejecimiento y el deterioro cognitivo que inició el neurólogo David Snowdon en los años 90 en EE.UU. Participaron más de 600 monjas que vivían en conventos y llevaban estilos de vida similares. Esto facilitó el control de variables como la dieta, el entorno social o el acceso a la atención médica. Algunas monjas cuyos cerebros mostraban signos característicos de la enfermedad de Alzheimer no habían mostrado síntomas clínicos de demencia en vida. Esto confirmó la teoría de que el cerebro puede compensar el daño. Este estudio sigue siendo uno de los más influyentes sobre el envejecimiento saludable, y demostró que el deterioro cognitivo no es inevitable, y que factores como la estimulación intelectual a lo largo de la vida pueden marcar una gran diferencia.

El estudio de las monjas confirmó que

el cerebro puede compensar el daño

P.- ¿Has visto casos en el Centro que diriges que muestren que la reserva cognitiva funciona?

R.- Desde hace 20 años seguimos a una paciente octogenaria con tres hermanas con Alzheimer. Ella tiene genéticamente muchas posibilidades de tener la enfermedad, pero no presenta deterioro cognitivo. Su cerebro ha sido resiliente. Me gusta unir los conceptos de resiliencia y reserva cognitiva: su cerebro tiene más defensas porque ha acumulado más recursos a lo largo de su vida.

P.- Si entiendo bien, es posible tener la enfermedad de Alzheimer y no desarrollar demencia

R.- Sí, y esto es muy interesante. Se puede tener la enfermedad de Alzheimer sin llegar a tener un deterioro cognitivo manifiesto. Por eso es fundamental la detección precoz. Cuanto antes sepamos que algo está pasando, más opciones tenemos de modificar el curso de la enfermedad.

P.- ¿Cómo podemos aumentar nuestra reserva cognitiva?

R.- Requiere de un esfuerzo, pero es un esfuerzo gustoso: participar en actividades intelectualmente estimulantes, aprender un idioma, hacer voluntariado, leer, estar al día de lo que pasa en el mundo, tocar un instrumento, bailar, ir a la universidad, participar en juegos de mesa… Son actividades que no sólo estimulan el cerebro, sino que también enriquecen la vida social y emocional de las personas

Las ‘superagers’ son personas cuyo

cerebro apenas envejece

P.- Y tenemos que hablar de los ‘superagers’.

R.- En castellano sería ‘superancianos’ y se denomina así al grupo de personas que se diferencian claramente del envejecimiento medio. Mantienen su memoria y sus funciones cognitivas igual que alguien mucho más joven. En estudios se ha visto que tienen menos atrofia cerebral, menos acumulación de proteínas tóxicas y que suelen ser más optimistas y socialmente activas.

P.- ¿Cuál es el propósito del programa que se desarrolla en el Centro de Prevención del Deterioro Cognitivo?

R.- Nuestro propósito es que las personas mayores sigan disfrutando plenamente de la vida, es decir, que mantengan su independencia, que puedan gestionar su día a día, relacionarse, tomar decisiones y conservar su autonomía el mayor tiempo posible.

“Es importante identificar los cambios en nuestro cerebro

y actuar preventivamente”

P.- ¿Cualquier persona mayor puede ser atendida en este servicio?

R.- Atendemos a personas mayores de 60-65 años que empiezan a notar problemas de memoria, atención o concentración, pero sin que exista un diagnóstico previo de demencia ni secuelas neurológicas de un accidente cerebrovascular como puede ser un ictus.

P.- Mercedes, para terminar, te voy a pedir que resumas todo lo que hemos hablado en un párrafo.

R.- La idea central con la que tenemos que quedarnos es que se producen muchos cambios cuando envejecemos, pero eso no significa que tenga que haber deterioro cognitivo. Es importante identificar esos cambios y actuar preventivamente, y esa prevención no empieza en la vejez, empieza desde las primeras etapas de la vida. //

Centro de Prevención del Deterioro Cognitivo