El uso de tecnologías digitales es parte del entorno cotidiano de adolescentes y jóvenes. Las pantallas están presentes en sus relaciones sociales, en el acceso a la información, en el ocio y en la construcción de su identidad. Esto no es, en sí mismo, un problema: vivimos en una sociedad digital. Pero precisamente por eso es imprescindible aprender a convivir con las tecnologías de manera crítica, saludable y equilibrada.
El uso excesivo o inadecuado de pantallas puede interferir en el desarrollo emocional, social y cognitivo de los y las adolescentes. Además, en algunos casos, puede derivar en conductas problemáticas, con consecuencias significativas para su salud mental, su rendimiento académico, sus hábitos de sueño y su bienestar general. Por eso, hoy se insiste en hablar más de uso problemático que de “adicción a las pantallas”, y se promueve una mirada menos patologizante pero igualmente comprometida desde la prevención.

