El ocio y el tiempo libre son espacios fundamentales para el desarrollo personal, social y emocional de niñas, niños y adolescentes. No solo permiten descansar y divertirse, sino también aprender, descubrir intereses, fortalecer la autoestima y construir relaciones sanas.
Cuando estos espacios se gestionan de forma adecuada, funcionan como factores de protección frente a las conductas de riesgo, incluidas las adicciones. Sin embargo, un ocio desestructurado, monótono o centrado exclusivamente en el consumo puede aumentar la vulnerabilidad.
Educar en un ocio saludable es, por tanto, una estrategia esencial para la prevención desde la infancia y la adolescencia.

